lgbt

Prohibido no salir del armario

bandera gay

 

Hoy me pongo serio. Bueno, serio en comparación con lo que es un post mío, en el que os hablo de las pelucas de Britney o de los pezones de Miley Cyrus.

El lunes, en ‘Hable con ellas’, estupendo programa de Telecinco que casi nunca puedo ver porque no quieres saber cuál es mi estado físico a las 00:30 un lunes (o un miércoles), Sandra Barneda habló de la salida del armario de Patricia Yurena, una de las últimas Miss España y, desde luego, la primera abiertamente lesbiana.

El alegato de Sandra fue celebrado por algunos (como yo, en Cromosoma X) como criticado por otros en las redes sociales. Y es cuando volvemos a encontrarnos ante el dilema de siempre: si eres una personalidad pública ¿es obligatorio salir del armario y convertirte en ejemplo e imagen del colectivo LGBT?

Yo creo que no. ¿Por qué? Porque aunque falte mucha lucha por delante, y todo apoyo sea poco, el mundo está cambiando, y creo que, igual que no obligaríamos a una chica lesbiana rusa a salir del armario con todo el percal que tienen montado en su país, tampoco hemos de hacerlo aquí porque “aquí no te van a apedrear“. Al colectivo LGBT muchas veces le puede el victimismo, nos encanta llorar lo mal que los pasamos y parece que si tu orientación sexual es X debes condicionarte a ello lo quieras o no. Yo me considero políticamente activo: comparto todo lo que puedo, tengo la suerte de trabajar en una plataforma que consigue llegar a mucha gente, y me encanta poder hablar en un mismo día de los novios de Madonna, de actores porno buenorros y de derechos LGBT, ya sean mensajes virales, ejemplos que nos animan a seguir adelante o denuncias sociales. Que no soy una ONG ni un santo, pero aquí cada uno hace lo que puede con lo que tiene. Es decir, que yo me muevo, pero respeto a quién no lo hace, y entiendo que no es por miedo ni me ofende que no se una a la lucha.

Puede que Sandra entre en algunas incoherencias en su discurso, como en lo de no querer etiquetarse y sí presumir de ser mujer que lucha en un mundo de hombres. Está claro que esos errores no la obligan a llevar un estilo de vida pautado 100% por tu orientación sexual. De la misma forma que critico a aquellos que no soportan el Orgullo por tener travestis en sus carrozas, también critico a los que te “obligan” a ir por pertenecer, como dice mi amigo Samuel, al club del pepino (si eres LGBT, eso sí que es muy importante: tener buen humor y saber reírte, sino estás perdido). Siempre recuerdo el ejemplo de un concursante canario de un reality musical, que además era ciego y un poco capullo (no es incompatible). Le dijeron cuatro verdades muy críticas, y soltó lo siguiente: “¿Cómo? ¿Estás diciendo que los canarios cantamos mal?”. No podemos mirarnos el ombligo tanto como para pensar que cada acción que cada persona LGBT haga influya al 100% en la imagen del colectivo. Así que os lo digo yo: existen gays, lesbianas, bisexuales e incluso transexuales que quieren vivir una vida íntima totalmente privada, y no por ello tenemos que aislarles de la sociedad. Que eso ya lo han hecho otros en la historia.

Esta semana he leído muchísimos mensajes en plan “Sandra, tú eres una presentadora abiertamente lesbiana porque alguien luchó por tus derechos”.  Lo que entiendo que intenta explicar es que nuestra condición sexual no es un mérito, sino nuestro talento haciendo lo que mejor sabemos. Y en eso todos deberíamos estar de acuerdo.

También me llama la atención la obsesión de las voces críticas con la semántica y lo importante que era que dijera “soy lesbiana” y que, al no decirlo, hace mal. A mí me dan bastante igual las etiquetas. Miento, me vuelven loco, como buen documentalista que soy. Si te digo que etiquetaba mis primeros cds con pegatinas de “chico”, “chica” o “grupo”, hasta que me di cuenta que cada disco podía tener tantas etiquetas que decidí hacerlo en digital… El caso es que no es lo mismo etiquetar contenido que personas, y ponerle nombre a una característica mía no me ofende, me define. Soy bajito, soy gay, soy miope… Pero es mi opinión, y no me creo con la potestad de decirle a todos los miopes que lo griten a los cuatro vientos. Igual con la homosexualidad. Todos tenemos un amigo receloso de su vida íntima, que no te cuenta si tiene un novio y nunca de la vida te contará sus aventuras sexuales. ¿A que no le juzgas ni le haces el vacío? (si lo haces, enhorabuena, eres un capullo). La televisión española está llena de personajes en los que cualquiera se puede sentir reflejado y pensar: oye, que lo mío no es nada raro ni malo. Precisamente, la semana pasada, con el escándalo del programa homófobo de TVE fue Sandra Barneda una de las primeras críticas con ello, pero parece que se olvida muy rápido.

Hay veces que me cuesta reconocer al colectivo LGBT. Claro que es terrible generalizar, y que para opiniones personas, pero me he sentido con la obligación de equilibrar la balanza, que igual que compartimos el mensaje de “no pasa nada” o “it gets better” también debemos recordar que no pasa nada si vives tu vida de forma privada, aunque tu trabajo sea público. Dejemos el trabajo de sacar del armario a la fuerza a los trolls.