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La cultura no es un formato

Hoy me vuelvo a poner serio porque la ocasión lo merece.

Con motivo del lanzamiento de Destiny, el videojuego más caro de la historia hasta la fecha (casi 400 millones de dólares), a muchos les ha chirriado que asocien cultura con videojuegos. 

Incluso Forges, que tendrá mucha gracia criticando a los políticos corruptos, ha caído en la trampa del analfabetismo digital. Debe ser de los que cree que no es lo mismo leer un libro en papel que en digital. Y es que, amigos, ¿dónde está el problema? ¿A qué le tenemos miedo, asco, terror?

Ah, sí. Al formato.

La cultura es un concepto tan vasto que no quiero ni empezar a abarcarlo de forma general, pero sí a nivel social. Cuando cojo mi libreta Kakebo y apunto lo que me he gastado cada semana, hay un apartado llamado “Cultura“. ¿Qué incluyo ahí? Todos los caprichos que me aportan algo de valor, creados por alguien con esa misma intención. No, no pondré el escurreplatos del chino tan maravilloso, pese a que es lo más útil del mundo. Me refiero a música, libros, cine y, por qué no, juegos.

Una historia es una historia. Una gran historia es difícil de encontrarla, y ya no te digo de plasmarla en un formato. Hace unas semanas me compré, un poco a regañadientes, la versión de PS4 de ‘The Last of Us‘, la última gran superproducción de Sony para PS3, que revisitaban con gráficos mejorados. ¿Por qué lo hice? Porque la historia lo merece.

Una historia que, desde luego, no hubiera podido ser captada en cine (aunque, irónicamente, lo hará pronto), ni en libro (falta la interactividad), ni siquiera en serie. El formato jugable, interactivo, es el que más encaja con una historia dramática de supervivencia, de terror, de miedo a lo desconocido y a descubrir que somos más humanos de lo que creemos. Como detalle, la excelente música del juego corre a cargo de Gustavo Santaolalla, el creador, entre otras, de la BSO de ‘Brokeback Mountain’.

Este debate lo he retomado muchas veces, pero que aún aparezca gente inculta (y nunca mejor dicho) a decirnos que el papel es cultura y la tablet no lo es me parece ridículo. Es esa misma gente la que aún cree que Internet nos miente y que la verdad sólo nos la dan los periódicos en papel.

¿Soy más culto si me compro el libro de la madre de Jesulín una mujer que, por cierto, no sabe escribir (en el sentido literal)?

¿Soy más culto por ir a ver ‘Godzilla‘, que es cine?

¿Soy más culto por ver los cuadros de mierda que pintan según qué artistas de tres al cuarto?

Los videojuegos han crecido, así como sus jugadores y sus desarrolladores. Y, por supuesto, siempre habrá bazofias, igual que en todos los formatos ¿a que no recomendarías cualquier libro? Por eso mismo, que a estas alturas aún haya prejuicios sobre si todos son “mata mata” y dirigidos a niños, me parece muy lamentable.

Lo dicho: la cultura no es un formato, la cultura está dónde la quieran ver. Y algunos no saben lo que se están perdiendo.

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Como etiquetar canciones en itunes

Cómo etiquetar canciones en iTunes

Lo reconozco: el título es un poco arrogante y condescendiente. No pretendo decirle a nadie cómo etiquetar su música en iTunes, pero sí que voy a contar mi método, que es mío y no es mejor ni peor, sino mío.

Empecemos por el principio: el mundo se divide en dos tipos de persona: los que se preocupan de etiquetar la música y los que no. Los que no lo hacen tienen una vida plena y completa, despreocupada y feliz. Los que lo hacemos no, pero por lo menos podemos acceder a los cientos de GB de música que poseemos de una forma ordenada y correcta.

Bromas aparte, igual que nos gusta tener la casa ordenadita, el armario con su ropa bien puesta o la cocina con todos los cacharros en su sitio, nuestro disco duro no ha de ser menos. Si has caído en las redes de Apple, iTunes es tu mejor opción, la que yo uso desde hace muchos años, y os voy a contar cómo lo hago para sobrevivir en un mundo de bytes, .m4a y ediciones Deluxe.

 

etiquetar canciones en itunes

 

Tipos de artista

Son tres y en mi caso están muy bien diferenciados:

  • El de paso: sólo tienes canciones sueltas. Suelen ser temas muy pegadizos, one hit wonders y guilty pleasures que no te gusta reconocer que escuchas. Pero los tienes y se merecen su buen etiquetaje como cualquier otro.
  • El que hay que tener: es aquella banda mítica y legendaria que te encantarías escuchar más pero no tienes tiempo. Es obligatorio tener toda su discografía, aunque le hayas dado más escuchas a la Tata Golosa.
  • El mejor de todos: es la razón de toda tu existencia. Si perdemos el tiempo etiquetando es por artistas como ellos. Lo quieres tener todo: discos, singles, remezclas, directos, rarezas… y sabes que cuando todo esté ordenadito, el mundo será un lugar mejor.

Las carpetas, tus grandes amigas

En los dos primeros casos no necesitas a las carpetas, pero en el último sí, y te harán mucha falta. No te conformes con abrir la pestaña “Artistas” si tienes más de 10 GB de un solo artista. Eso merece una organización más que la de álbum a álbum. Es muy sencillo y te hará las cosas mucho más fáciles.

Ejemplos de carpetas:

  • Playlists temporales: soy un archivero de nacimiento, por lo que me gusta poder volver a las catacumbas y saber qué escuchaba en abril de 2003 (ya te lo digo ahora, ‘American Life’ de Madonna). El caso es que cada mes creo una playlist llamada, por ejemplo, 2014 09 September, de forma que añado todas las canciones que quiero escuchar este mes. Tanto los singles actuales como esa remezcla que escuché el sábado en Museum o la canción antigua que mi amiga me ha recomendado. Todo lo que YO quiero escuchar este mes, está ahí. Cuando llegue el 1 de octubre, crearé la nueva reciclando las que aún escuche y cargándome las que ya no. Esas playlists van en carpetitas por mes y por año, y todo lo meto en otra carpetita llamada Years. Al final accedo de forma rapidísima a mis playlists. Así lo llevo haciendo desde hace 7 años. ¡Qué maravilla!
  • Playlists temáticas: Aquello en lo que los géneros de iTunes se quedan cortos. Aquí reúno esa lista de canciones de ruptura, para menearlo todo en el gym o para relajarme en plan chill out. Si eres super pro, como yo con el Gym, necesitarás subcarpetas. También puedes crear listas para productores, que Max Martin o Dr Luke trabajan con tantas pop stars que vale la pena reunirlos.
  • Charts: Si eres un freak y te quieres crear algo más que “las canciones más escuchadas”, necesitas organizarlo aparte. Como mi iPod tiene capacidad limitada, creo una playlist inteligente limitando el espacio. Es decir, le digo que de todas mis favoritas (con 5 estrellas) me elija, aleatoriamente, 5 GB. Una vez cada 2 semanas, refresco esa lista para que se incluyan canciones nuevas y así todas tienen un rodaje por mi iPod.
  • To Do: esta es MUY importante. Si quieres tener tu biblioteca actualizada y en condiciones, genérate unas cuantas listas para hacerlo todo más fácil. Por ejemplo, hazte una lista con las canciones no puntuadas, y cuando saques un rato, puntúa las que puedas. Como mínimo adelantarás algo. También puedes listarte las que tienen más saltos (vamos, que las has pasado más de 50 veces) y así puedes pensarte si merece la pena mantenerlas. Es muy útil y de las que más uso.

 

Como etiquetar música en itunes

 

Discos

Los discos o álbumes. Parece sencillo, pero entrama mil casuísticas ante las que hemos de luchar a diario. Todos los temas, juntos y ordenaditos.

¿Qué pasa con las ediciones Deluxe?

La piratería obligó a los artistas a renovar su pack. Al principio, sacaban un DVD de mierda (con perdón) con un videoclip y el making of del mismo. Nada de un documental chulo sobre cómo se gestó el disco. Por suerte, llegó Youtube y tocó reinventar el formato. Ahora lo normal es que la Deluxe lleve 4 o 5 temas totalmente nuevos. Ni se te ocurra meterlo como CD2. El disco es un conjunto, y aunque en caja lo tengas en 2 discos, en tu iTunes ha de estar como un gran disco, por mucho que sume dos horas. Y tampoco se te ocurra llamar al disco [Título] (Deluxe Edition) que es muy cutre y no aporta nada.

Si la edición trae remezclas, todo cambia: un disco es un disco con sus canciones normales, no con los cuatro remixes hechos a última hora para rellenar la edición cutre deluxe. Entonces sí que lo castigamos y lo relegamos a un CD2 o, en su defecto (lo que yo haría), desglosarlo en sus respectivos singles. Porque si algún día quieres escuchar la remezcla chunga de ‘Girl Gone Wild’ de Madonna no pensarás en el álbum, sino en el single ‘Girl Gone Wild’, ¿no?

 

Como etiquetar música en itunes

 

Singles

En los singles va a tocar meter mucha mano. Hoy en día no se estila, pero en los 90, lo que mandaba era el CD1, el CD2 y el maxi. Un lujo para los coleccionistas, y un verdadero caos para lo digital. Siguiendo la estela del párrafo anterior: ¿para qué quieres desglosar todo el contenido de una canción si lo que puedes hacer es reunirlo todo en un paquete la mar de mono?

¡Diferentes portadas!

Aquí os doy bastante libertad: es verdad que el Cd1 y el CD2 de muchísimos singles solían tener portadas totalmente distintas. Lo mejor sería decidir una e ir a por ella. Si te gustan las dos, decide qué hacer: ¿te compensa separar contenido? o aún peor ¿duplicarlo?

Versiones de un no-single: la portada fanmade

Eso es lo que aterroriza a todo el mundo. ¿Y si corre por ahí una remezcla del DJ Vetiver que salió en una recopilación rara que no le importa a nadie? ¿Y si además es de un album track, una canción sin portada? Diversas opciones:

  • Busca una portada fanmade bien hecha
  • Hazla tú

Es importante ver que el mundo no se acaba porque la portada no sea lo mejor del mundo, con que siga la estética del disco (si la tiene) como, por ejemplo, la misma tipografía, ya te puedes dar con un canto en los dientes.

 

Como etiquetar música en itunes

 

Álbumes en directo

El mundo de los discos en directo es un cuadro. De nuevo, volvemos a lo de siempre: ¿te compensa tener su discografía en directo? Si es así, hazte con toda la oficial y, mi recomendación (que te dará trabajo y no te gustará): crea los que no existan.

Ejemplo: ¿Que Coldplay ha lanzado todas sus giras en CD menos la antepenúltima? Busca a ver si existe el DVD y ripea el audio. Monta una portada cuadradita mona, y ala, ya tienes todos los directos juntos. Que para tener solo unos pocos tours no vale la pena.

Recopilatorios

Los recopilatorios son otro gran dilema. En la mayoría de casos, nos encontramos ante la misma canción repetida. Y seguro que si quieres a tu biblioteca no quieres que las escuchas de una canción se repartan en sus 17 versiones. Especialmente si eres fan de Roxette, que tienen más recopilatorios que hits.

Mi recomendación es volver a las carpetas de artista, y allí separar por álbumes de estudio y recopilatorios. De esta forma sabrás dónde anda cada cosa y no te marearás. No incluyas el ‘Sleeping In My Car’ del GH, hombre, hazlo con la versión del disco en el que salió originalmente.

Colaboraciones

El gran drama de siempre. Casi siempre está claro que una colaboración entre dos artistas tiene a un artista “principal”, ya sea porque fue single de su disco, etc. Gracias a organizar los artistas por carpetas y no por lo que nos dicta iTunes, podrás meter el ‘Dancing In The Street’ de Bowie y Jagger en las carreras de ambos. ¿Ves qué ilusión?

 

Recomendaciones

Playlists inteligentes

Ya lo he dicho antes, pero lo recuerdo: merece la pena crearse listas inteligentes. Parece un coñazo pero te ahorra mucho tiempo si tienes una biblioteca grande. Te ahorra tiempo y, lo mejor de todo, consigue que todas las canciones tengan su momento y no terminen olvidadas para siempre en tu disco duro.

Mayúsculas y minúsculas en los títulos de canciones

Mi recomendación es muy clara:

Artistas españoles (aunque canten en inglés), mayúscula sólo al principio: La Oreja de Van Gogh – Cuéntame al oído

Artistas internacionales, siempre mayúsculas: Pet Shop Boys – Home & Dry

Artistas en otros idiomas: igual que en español: Najoua Belyzel – Quand revient l’été

 

Está claro que en esto del etiquetaje musical digital hay tantas opciones como personas. Estas son las mías y espero que le sirvan a alguien o, como mínimo, que sirva para que podamos discutir sobre ellas. Quizá tenéis una propuesta mejor, que estaré encantado de escuchar 😉

 

Timehop, la app para viajar en el tiempo (de tus redes)

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No soy documentalista por casualidad. Mi pasión (llámale pasión, llámale frikismo) por los datos, por recopilar todo lo que hago y dejo de hacer me ha perseguido toda mi vida. Desde cuando catalogaba físicamente mis CDs por género y por tipo de artistas (con pegatinas DIY) siempre lo he querido saber todo y me encanta regodearme en lo que hacía tal día como hoy.

Y así, con la base de “tal día como hoy” nace Timehop, una de las Apps más simpáticas que han pasado por mi iPhone. No es la más útil del mundo, pero sí que sirve para muchas cosas.

Empecemos por ver cómo funciona:

1. Te la descargas

2. Añades todas las redes sociales a las que perteneces (cuántas más, mejor)

3. Cada mañana, Timehop te avisará de que empieza tu nuevo día. ¡Y ya está!

¿Y qué es lo que ves? Pues algo genial: todas tus actualizaciones de ese mismo día hace 1,2,3 y hasta 4 años. Al menos, en mi caso. Por ejemplo, esta semana hizo un año de mi primera pinchada en la fiesta Choco Churros. Pues el día en cuestión me actualizó con el evento, las fotos de Instagram, mis comentarios en Twitter.

Como regalo, al final de tu actualización más antigua, te colocan una efeméride internacional, tipo “Hoy hace 5 años que terminó la huelga de guionistas en USA”. No sé si hace caso de los contenidos que he subido, pero siempre es algo interesante, y que te hace quedar como un repipi ante tus amigos (genial).

Lo dicho, una app utilísima si te gusta recordar lo ridículo que sonabas hace 4 años en las redes sociales (y así, de paso, no cometes los mismos errores).

Bye bye, Winamp

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La semana pasada saltó la noticia: Winamp va a morir. Le quedan dos telediarios, como aquel que dice, y sus jefes abandonan el proyecto.

Para el que no lo sepa, Winamp fue el primer reproductor de música verdaderamente molón. Mucho menos complejo que iTunes, muchísimo más divertido y colorido que esa abominación que era (y es) el reproductor de Windows Media. El proceso era el mismo: bajarse la música con Napster y reproducirla con Winamp.

Una de las características más famosas de Winamp eran las skins. Es decir, que podías su aspecto y que pasara de nivel 1 choni a nivel Pelopony. Yo he de ser sincero y reconoceré que, más allá de probar con alguna foto de Britney o Madonna, siempre me quedaba con el original. Ese azul oscuro casi púrpura y el verde eléctrico me vuelven loco y es la imagen que más recuerdo de mis inicios con los mp3.

Hay un movimiento para que Winamp sea open source y así todos podamos seguir disfrutándolo. También hay rumores de que alguien lo compraría, como marca (¿te imaginas un Spotify con el nombre de Winamp?). Pero vamos, todo rumorologías. Reconozcamos que ya no lo usamos, pero eso no quita que nos dé mucha pena que se vaya 😦

 

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Soy un content curator

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Cuando hace casi diez años me senté por primera vez en la Facultad, reconozco que lo hice un poco a regañadientes. Me apetecía estudiar, pero no esa carrera. Un año más tarde descubrí que, sin saberlo, siempre había sido mi vocación. No la Biblioteconomía, sino la información, con todas sus letras y formas.

Ya sea escribiendo relatos, entradas de blog, emails o cartas contando mi vida, siempre me ha apasionado escribir. Pero no sólo eso, también hacerlo llegar al mundo y gestionarlo. Ver cómo funciona, qué tiene éxito, qué no porque, al fin y al cabo, cuando publicamos algo está dirigido a alguien al otro lado de la pantalla.

Mi nuevo trabajo desde septiembre lo abarca todo: me permite ser creativo, responsable tanto de comunicación como de márketing y, lo más importante, sigo aprendiendo y formándome.

Además de eso, continuo mi relación fiel con Cromosoma X, web en la que escribo desde hace ya casi 3 años y con la que creo que he terminado mimetizándome en el mejor de los sentidos y, junto al resto del equipo, la hemos llevado a ser todo un referente en su ámbito, de lo que estoy muy orgulloso.

Por eso, cuando el martes me llamaron para hacer una charla en mi facultad, la Facu, por la que pasé algunos de los mejores años de mi vida, no supe decir que no. Tenía 24 horas para preparar una presentación, pero me daba igual. Quizá no salió perfecta, pero creo que el mensaje quedó claro: de mi carrera se puede hacer casi de todo. Salimos multidisciplinares.

Se acabó el “biblioqué?” y el “¿Tenéis una asignatura para aprender a mandar callar?”. Los documentalistas ya no somos sólo documentalistas, somos content curators. Puede parecer un concepto nuevo, inventado por algún aburrido con ganas de llamar diferente a lo de siempre, pero a mi parecer, es un término que se adhiere perfectamente a las nuevas necesidades digitales.

Hoy en día, desde el punto de vista digital y 3.0, lo que importa no es perseguir al lector/espectador/usuario/whatever. Lo importante es crear contenido de valor que lo merezca, que llame la atención de esas personas, porque no aceptan cualquier cosa. En definitiva, que le podemos llamar como queramos, pero somos los guardianes de la información y eso, en el fondo, nos da más poder del que creemos.

 

 

SoundTracking

soundtracking

Hoy quiero hablar de otra de esas redes sociales que tanto me gustan, aunque hemos estado un tiempo separados.

Soundtracking llegó a mi vida hace tres años, cuando Instagram no tenía publicidad, Adele era lo más y Lady Gaga lo peor. Venía a ser como el ya mencionado Instagram, pero cambiando las fotos de cafés y ensaladas insoportables por canciones. Y canciones de las buenas, claro.

Recién independizado me daba la vida salir de casa y, en el metro, compartir las canciones que sonaban via Twitter. No sé por qué, un día la app dejó de tener esa funcionalidad, y la abandoné por completo.

Hasta hace un par de semanas, que volvió con energías renovadas, un look muy iOS7 y de nuevo, la opción de compartir via Twitter.

Así que si ahora me veis incordiando con canciones odiables y totalmente equiparables a fotos de platos sofisticados, ya sabéis por qué.

Estoy en Pinterest

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Por razones puramente profesionales, me he tenido que empapar de Pinterest, una red social que conocí en su día gracias a mi amigo Edu y a la que no encontré el sentido.

Ahora, reposándolo y con un año y pico de tiempo entre medias, he descubierto que sí tiene algún sentido. No es tan efectivo como un RSS o una carpeta de Favoritos, pero es muy útil para inspirarte, para guardarte todo lo relacionado con un tema, y muchas más opciones.

Yo, por ejemplo, le veo utilidades únicas a nivel personal:

 

– Mi tablero ‘Cromosoma X’, en el que cuelgo los artículos de los que estoy más orgulloso. Voy a tener que tirar de hemeroteca a saco, pero valdrá la pena.

– El tablero ‘Vergúenza de tus hijos’, que viene a recopilar todos aquellos vídeos y memes que siempre quieres volver a ver pero no sabes dónde meterlos: las vecinas de Valencia, la virgen del Higueron, las hermanas del baptisterio… sólo por esto ya vale la pena.

– También he creado un tablero Popstitutes para recopilar todas las entradas y colgar nuevas fotos, ya que ellas, aunque parezca mentira, siguen con sus carreras.

 

En definitiva, Pinterest ya tiene sentido, y aunque a veces pienso que es un ladrón de tiempo, yo me lo paso bien, así que no estará tan mal.

Por cierto, aquí están todos mis tableros.